“No dejéis nunca de mirar al Cielo”

Desde el pasado día 25 de octubre hasta el 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, los seminaristas de nuestro Seminario Conciliar y algunos formadores del mismo han realizado ejercicios espirituales. Estos han sido dirigidos por D. Fernando Fernández de Bobadilla, sacerdote diocesano de Toledo y muy amigo de la casa.

San Juan Pablo II nos recuerda que los ejercicios espirituales “son un instrumento idóneo y eficaz para una adecuada formación del clero” (Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros n. 85) y para los que estamos llamados a ello. Es un momento que nos permite, durante un tiempo más prolongado y alejados del ruido del mundo, dedicar largos y serenos ratos de oración, reavivar el don de nuestra vocación y volver a orientar nuestra vida desde su Principio y Fundamento: desde Jesucristo. Son sin duda un don de Dios y un derramamiento de gracias abundantes.

A lo largo de los ejercicios, el Padre Fernando nos ha alentado a admirarnos la belleza del sacerdocio de Cristo con el cual estamos llamados a configurarnos radical y ontológicamente en el día de nuestra Ordenación. Así, nos invitaba a hacer nuestra la vida de Cristo, la vida de los hijos de Dios que lo reciben y esperan todo de su Padre. De igual modo, nos decía: “Nunca dejéis de mirar al Cielo” contemplando aquellos testigos: los Santos. Ellos nos alientan en el peregrinar de la vida hacia el encuentro con el Padre. También, pudimos disfrutar de la celebración de la Eucaristía con el Sr. Obispo, que nos animaba a no abandonar nunca la realización de los ejercicios espirituales y a configurar nuestro corazón con el de Cristo Sacerdote. Así, nos exhortaba a encarnar en nuestra vida la obediencia filial, un corazón consagrado plenamente a Dios y una vida despojada de las cosas del mundo y centrada en el Señor.

Son muchos los nombres y situaciones personales que hemos tenido presentes a lo largo de estos días. Especialmente debido a la dramática situación que estamos viviendo. Pero pedimos al Señor por esta situación sabiendo que “el amor es más fuerte que la muerte”. Por nuestra parte, solo os pedimos que roguéis al Señor y a su Madre por nosotros, para que los deseos que el Espíritu Santo ha puesto en nuestros corazones se lleven a cumplimiento y seamos los sacerdotes santos que Dios quiere y su Iglesia necesita.