Un cura de 86 años

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Cuanto más pasa el tiempo, más bueno se va haciendo el vino. Poco a poco, aguardando paciente dentro de su barrica, se va preparando para llenar nuestras copas en su mejor momento. Los años lo han hecho una delicia. Algo así pasa también con las personas. Las arrugas y las canas son los heraldos de la sabiduría que adornan a los ancianos cuando están rebosantes del buen sabor de la experiencia. Este sabor está precedido por el suave, aunque firme olor de la fidelidad. Ayer nos fijamos, en su 86º cumpleaños, en D. Gaspar Bustos Álvarez. Contemplando su vida entregada a Dios descorchamos este vino, llenándonos de su fragancia. ¿Cómo es posible una entrega tan fiel y tan prolongada en el tiempo? Es un misterio de amor. A la par que contemplamos su vida no podemos menos que dar gracias a Dios. Él ha sido el que ha plantado en el jardín de su Iglesia tan gran árbol que cobija con su sombra a tantos otros que crecemos bajo su sombra segura. Por eso dimos gracias a Dios con la celebración de la Misa y una cena especial. Fue un día emotivo en el que nos alegramos por tener a D. Gaspar con nosotros.

¡Feliz Cumpleaños, D. Gaspar!